Director: Buen día, caballero. Siéntese, por favor. Póngase cómodo.
Yo: Muchas gracias, señor.
Director: ¿Usted envió su currículum vitae por el puesto vacante de preceptor, no es así?
Yo: Sí.
Director: ¿Usted sabe que generalmente los currículum están confeccionados con computadora o máquina de escribir, no es así? Se lo señalo esto porque el de usted fue hecho con lapicera, en hoja de cuaderno nº 5 cuadriculado, sin el borde recortado. Eso, obviando la mancha de zapatilla que exhibe, tan cálidamente, la hoja en su parte posterior.
Yo: Sí, ello lo sabía. Pero sucede que me enteré de la vacante muy sobre la hora y no tuve tiempo ni espacio para preparar un currículum con prolijidad. Supongo, de cualquier manera, que lo importante no es la presentación sino, más bien, el contenido.
Director: Eso, que no le quepa la menor duda. Sin embargo, es menester hacerle saber acerca de esta falta de prolijidad. En fin, vayamos directo a las preguntas sobre el contenido.
Yo: Me parece bien.
Director: Usted señala aquí que está cursando un profesorado universitario en Historia.
Yo: Correcto.
Director: Eso es perfecto. Verá, me interesa contratar a estudiantes de profesorados. La razón de ello es que deseo que luego, al momento de recibirse, sigan trabajando como educadores dentro de la institución.
Yo: Es una excelente idea. Sería como formar una gran familia.
Director: Aquí hay algo que me llama la atención. Debe ser que no comprendí su caligrafía. ¿Me puede decir qué es lo que escribió aquí?
Yo: ¡Cómo no! Dice “Panóptico”.