Desde la Grigori Zinoviev
queremos expresar nuestra solidaridad con las camaradas de la Agrupación de mujeres Pan y Rosas por el
agravio misógino, machista, macartista, de una inusitada violencia propia de
los burgueses asustados y agazapados ante el avance de las bases obreras con conciencia para sí,
sustentador de un status quo
eficiente para la perpetuidad del establishment
en lo más alto, la corona de espinas sobre el proletariado en la cruz (y
utilizo terminología propia de ese libro religioso que subyace como pilar de
todas las injusticias en el mundo para dar cuenta que son ellos, los que como
usted, señor Alexei, se quejan de la muerte de Dios pero lo llevaron a la cruz)
del que fueron víctimas. Es increíble que un hombre como usted que, como todos
los hombres peronistas, es un psicópata sexista, sea administrador de un grupo
que reúne las opiniones e inquietudes de todos los estudiantes de la carrera de
historia de la Universidad Nacional de General Sarmiento. De cualquier forma,
nosotras, las mujeres de la Grigori Zinóviev, representantes de las demandas
históricas de todo el género oprimido, reconocemos que ésta no es una actitud
aislada en un contexto de buen comportamiento sino más bien que es más la regla
antes que la excepción. A partir de los testimonios de diferentes mujeres que
fueron víctimas de vuestros improperios y agravios y que transcribiremos a
continuación, se dará cuenta de a lo que nos estamos refiriendo:
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19 oct 2011
Carta abierta de la Grigori Zinoviev en repudio al creador de este blog
No tan estimado cerdo machista:
29 jun 2011
La Mettrie y el marqués de Sade
Julien Offroy de La Mettrie nació en la ciudad francesa de Saint-Malo en 1709. Hijo de una familia de comerciantes, realizó estudios humanísticos completados más tarde con los de medicina. Sus ganas de saber y su avidez por la aventura, pronto lo llevaron lejos de su tierra natal. Primero a París y luego a tierras flamenca; algunas veces, incluso, huyendo de los que pensaban que sus ideas eran demasiado avanzadas para la época. La Mettrie fue sin duda el materialista más convencido y más radical de su generación. Sus escritos no fueron gratos a las mentes bien pensantes del momento, que los quemaron públicamente en 1746.
Debido a la inquina que La Mettrie provocaba entre teólogos y enemigos declarados del progreso del conocimiento, despertó la admiración de Federico II de Prusia, que le llamó en 1748 a Berlín para que fuera su lector y consejero. El papel que asumió La Mettrie en la corte berlinesa encendió los celos de Voltaire, quien no por ello dejó de lamentar su muerte cuando ésta se produjo en 1751. Y es que La Mettrie dejaba tras de sí una serie de obras, de entre las que sin duda destaca por la trascendencia que ha tenido a lo largo de los siglos posteriores El Hombre Máquina, en la cual rechaza de plano tanto el dualismo cartesiano como su concepción de la materia.
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